Moto G5 Plus, especificaciones técnicas
MOTO G5 PLUS | |
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DIMENSIONES FÍSICAS | 150,2 x 74 x 7,7-9,7 milímetros Peso: 155 gramos |
PANTALLA | 5,2 pulgadas Gorilla Glass 3 |
RESOLUCIÓN | 1.920 x 1.080 píxeles (424 píxeles por pulgada) |
PROCESADOR | Snapdragon 625 |
NÚCLEOS | Octacore 2,0 GHz |
TARJETA GRÁFICA | Adreno 506 |
RAM | 2 GB |
MEMORIA | 32 GB |
SOFTWARE | Android 7.0 Nougat |
CONECTIVIDAD | Bluetooth 4.2, Wi-Fi 802.11 a/b/g/n (2,4 GHz + 5 GHz) GPS, A-GPS, GLONASS, NFC 4G Cat. 6 |
PUERTOS | Micro USB, conector para auriculares de 3,5 mm |
CÁMARA TRASERA | 12 megapíxeles, Dual Autofocus Pixel, f/1.7, flash LED Vídeo 4K Ultra HD (30 fps) |
CÁMARA FRONTAL | 5 megapíxeles, gran angular, f/2.2, flash en pantalla |
BATERÍA | 3.000 mAh |
OTROS | Carga rápida TurboPower, |
Diseño y construcción: un aspecto familiar con un adiós al plástico
Este punto es de los pocos que queda de aquella fórmula mágica con la que Motorola volvió en 2013 con un Moto G que redefinió la gama media. Pero esta marca de la casa no suma en este caso puntos positivos, sobre todo si en nuestras retinas ha quedado grabado el trabajo que hace la competencia en cuanto a frontal o a absorber jorobas.

Así, al G5 se le reconoce el linaje “Moto” tanto en su cara delantera como en la trasera, con los logotipos (el de “Moto” en el frontal y “Motorola” en la trasera, en relieve) y dejando las curvas sólo para suavizar unos bordes angulados. Los marcos siguen siendo importantes, con unos bordes inferior y superior bastante anchos (tenemos el botón/lector de huellas aquí) que dejan en un 67,1% el ratio pantalla/frontal y una protuberancia considerable para la cámara.
¿Es la innovación algo necesario en el diseño? No precisamente, ni es el primer fabricante que se muestra continuista (ahí estuvo HTC con la gama One o los iPhones y sus aún grandes marcos), pero quizá hubiese estado bien adaptarse algo más a la tendencia de aprovechar el frontal aunque no se trate de un buque insignia.

Esto es una apreciación meramente estética y algo subjetiva, pero ajustar marcos es en ocasiones una manera de compactar el terminal y a éste no le vendría nada mal. Algo que también podría incluir al saliente de la cámara, dado que en este caso más volumen no significa tampoco una diferenciación a nivel de calidad fotográfica como veremos más adelante.
No obstante, hay que destacar el cambio de los materiales, ya que con el G5 Plus deja atrás aquella trasera de plástico de sus antecesores (salvo el borde para el que sí se ha recurrido a este material, y con muy buen resultado). Así, se trata de un terminal grande, pero no resulta ni incómodo ni pesado en el agarre (eso sí, con dos manos casi necesariamente). Los ángulos suavizados de los bordes contribuyen a la comodidad y el aluminio es de calidad, con muy buenos acabados.

Quizás la colocación del lector y el altavoz en el frontal ha sido fruto de la decisión de seguir la estela de otros como el Moto Z y una manera de evitar toques accidentales a la lente, aunque en este caso tanto la ubicación de la cámara como dicha protuberancia ayudan a evitarlo. De hecho, es posible que (ya según costumbres y preferencias del usuario), el hecho de tener el saliente y una trasera completamente metálica impliquen un plus de precaución a la hora de apoyarlo.
Pantalla: los números no mandan, pero el brillo es demasiado independiente
Con Motorola no es extraño encontrarnos con una pausa en la carrera por aumentar los números en todo, y en cuestión de “Ks” el fabricante se ha mostrado más bien cauto o conservador. Así, el QHD se queda para el Moto X Style (2015), el Moto Z, los Force o algunos de la serie DROID (y el Nexus 6, también del fabricante). En este caso también tenemos una pantalla con resolución FullHD, la misma que su antecesor (el Moto G4 Plus) y que es más que suficiente salvo para los (ojos) más exigentes en este sentido.
En condiciones menos exigentes (media-baja luz) las sensaciones son buenas, si bien la experiencia se ve algo coartada dado que el ajuste de brillo máximo tiene vida propia y no respeta demasiado bien los cambios de luz (algo que no es extraño en las primeras versiones de software y que normalmente se arregla por actualización del mismo). En interiores la experiencia es buena, con un blanco algo menos cálido que el G4 Plus pero sin quedar frío.
Quizás podemos ajustar el tono de los colores más a nuestro gusto gracias a una herramienta que permite incrementar la viveza de los colores (la saturación y el brillo) eligiendo el perfil de color. Aunque aquí podrían haberse lucido algo más e integrar algún control gradual para parámetros específicos, de modo que se pudiese ajustar de una manera más profunda.

La sensibilidad táctil es correcta, tiene buenos ángulos de visión y se agradece que esté activada la iluminación automática al levantar la pantalla (lástima que no disponga de activación por doble toque, sería en complemento ideal). Salvo la falta de viveza y el funcionamiento del brillo automático, poco que objetar a la pantalla del Moto G5 Plus.
Rendimiento: lo justo y necesario para olvidarnos del lag
Como decíamos al inicio, los hermanos de la dupla Moto G de 2017 dejan de ser mellizos para ofrecer dos niveles de experiencia en cuanto a hardware. El Moto G5 Plus tiene un procesador más potente como buen hermano mayor, integrando un Snapdragon 625 con ocho núcleos a 2 GHz y 3 GB de RAM (hay también versión de 2 GB).

Como detallaremos a continuación al hablar del software, el procesador de Qualcomm es más que suficiente para mover y ejecutar las tareas sin problemas, algo que probablemente ocurra con más fluidez en esta versión de 3 GB de RAM. Para quienes tomáis los benchmarks como referencia, mostramos los resultados de los habituales tanto en capturas como en esta tabla, frente a otros smartphones de configuración similar.
Sacando partido al botón frontal
El asistente de configuración para el primer uso ya anticipa las virtudes del sensor de huellas, que en este caso ejerce de botón de inicio sin que se necesite ejercer presión. Podemos prescindir de los botones táctiles tradicionales de Android (multitarea, inicio y atrás) si decidimos realizar una navegación enteramente con toques en el sensor de huellas.

No es demasiado intuitivo, pero no se tarda demasiado en cogerle el truco y es en parte una compensación de cara a tener algo más de superficie de pantalla (al desaparecer los botones tradicionales). El lector es bastante sensible ya sea para la lectura de huellas como al diferenciar un toque largo (bloqueo) de uno corto (salir/inicio), así como los deslizamientos a derecha o a izquierda.
El desbloqueo por huella es funcional tanto en pantalla activa como en pantalla apagada, siendo un botón estático (que no se hunde). El registro de la huella pide varios ángulos, lo cual permite que la lectura no precise una posición específica de la yema, y funciona igual de bien aunque tengamos el dedo ligeramente húmedo o mojado (recordemos que el terminal resiste a salpicaduras gracias al revestimiento de nanopartículas, no a inmersiones).
Cámaras: menos nunca será más cuando se trata de instantáneas
La promesa eran unas fotos más brillantes con un enfoque más rápido al utilizar 10 veces más píxeles en el sensor e incorporar Dual Autofocus Pixels. Sobre la mesa las cartas muestran sensores de 12 y 5 megapíxeles para trasera y frontal. Y la experiencia resulta ser un déjà vu borroso que entremezcla sensaciones pasadas con muchos terminales de gama media.

Empezando por lo positivo, la cámara puede incluirse en el control por gestos y podemos configurar uno para que se abra la cámara con el terminal bloqueado (también podremos hacerlo desde el acceso directo de la pantalla de bloqueo, una cosa no quita la otra). El que viene por defecto es una doble sacudida y resulta bastante cómodo, aunque resulta ligeramente más lento que si deslizamos desde la esquina derecha inferior.
Merece la pena pararse un momento a explorar los ajustes de la app de cámara para establecer la calidad de las fotografías y del vídeo (por defecto no vienen a máxima resolución) o desactivar el sonido del obturador entre otros ajustes. La interfaz es bastante intuitiva y desde la pantalla del visor podremos seleccionar el modo de captura, configurar flash y HDR y en el caso de la cámara frontal establecer el grado de “belleza” que añade.



Como complemento está una de las apps que figura en el set preinstalado por parte de Google, su app Fotos, que en este caso hace las veces de carrete por defecto. Además facilita bastante la edición, pudiendo mejorar las fotografías añadiendo ese poco de saturación y contraste que según la escena podemos echar en falta.

Fotos de Google permite una edición bastante completa, haciendo el flujo de trabajo más rápido al no depender de otras apps para la mayoría de retoques.
Los resultados son aceptables teniendo en cuenta la configuración pero algo mediocres, dado que cuesta encontrar diferencias (positivas) con otros terminales de características similares. Se echan en falta de manera continua algo más de saturación y sobre todo detalle, ya que éste deja que desear incluso a plena luz del día.


Dejando a un lado esta falta de detalle, la cámara se defiende en luz media, escapando a las acuarelas cuando aún quedan horas de sol (aunque el ruido se hace poco de rogar, demasiado poco). Hay un modo profesional de disparo que permite ajustar de manera manual el enfoque, el balance de blancos, la ISO y el temporizador (con una interfaz al estilo de los aros de los Nokia Lumia), pero esto no deja de ser más de lo mismo y ayuda en más bien pocas ocasiones.

Al modo profesional se accede del mismo modo que a los de vídeo, cámara lenta o panorámica. Los parámetros pueden ajustarse individualmente o mostrarse en su totalidad.
En la práctica disponer sólo de estos ajustes no da la sensación de deshacerse de los ajustes automáticos salvo en las ocasiones en las que una regulación manual de la ISO y la exposición permiten sacar una foto nocturna o en baja luz algo mejor, o si hablamos de las macro, dado que se logra un mejor desenfoque tirando de este ajuste manual (la diferencia no es abismal, pero parece que se exprime un poco más esa apertura máxima f1.7 de la trasera).

Fotografía con el enfoque manual (modo profesional).
El HDR no es nada agresivo y compensa dejarlo en automático, ya que suele mejorar ligeramente el disparo en modo auto. Eso sí, como suele ser habitual este disparo es algo más exigente (son tres tomas) y en según qué condiciones tendremos que ser pacientes y permanecer quietos algo más (nos lo indicará en la pantalla).

Fotografía en disparo normal (izquierda) y HDR (derecha).
En cuanto a la cámara frontal, aquí tenemos acuarelas y trazos pastel con mayor facilidad sobre todo si hablamos de situaciones de baja luz. Nada nuevo bajo el sol, salvo que la deformación por curvatura de lente es bastante notable en las esquinas. El ajuste de belleza tampoco aporta nada que no hayamos visto antes, siendo muy similar a lo que podemos hacer con un Huawei Nova Plus o un ZTE Axon 7 (hay siete grados de “belleza”, cuanto mayor es éste más grandes son los ojos, más delgada la mandíbula y menos imperfecciones tenemos).

De izquierda a derecha: sin efecto belleza, con grado 4 y con grado 7. A mayor grado, menos imperfecciones, más iluminación, cara más delgada y ojos más grandes.

A la izquierda la fotografía tal cual con la cámara del Moto G5 Plus. A la derecha tras corregir la deformación.
Autonomía: compensando con un turbo muy real
Los miliamperios/hora son cierto talón de Aquiles no confeso cuando vemos que smartphones aparentemente grandes incluyen baterías que no pasan de los 3.000 mAh. El Moto G5 Plus es algo más compacto que los Moto G4 y G4 Plus, y aunque no pasa de esta cifra a su favor está que esta reducción de volumen no haya afectado a los miliamperios/hora (como sí ocurre con el G5, con 200 mAh menos).
Pero dejando los números a un lado, la autonomía es bastante buena, llegándonos al día perfectamente en días de uso menos exhaustivo y con wifi y pidiendo una carga antes de llegar a la noche si lo hemos exprimido bien y bajo 3G. No hemos tenido que recurrir a una batería externa, en parte porque con la carga TurboPower se consigue llegar al 100% de la carga en unas 1:45 horas (con el móvil apagado).

¿Y la promesa de las seis horas de autonomía en 15 minutos de carga? Bueno, esto en la web del Moto G5 Plus tiene una buena nota al pie explicando todas las variables que afectan al consumo. No hemos llegado a las seis horas de autonomía con ese 13% de carga que queda tras los 15 minutos (terminal apagado), pero sí nos aguantó unas tres horas y media, en wifi y con un uso variado de apps (consulta de redes sociales, unos 20 minutos de reproducción de música y algo de cámara con fotos y vídeo).
El cargador TurboPower va incluido así como el cable USB. Al terminal sí le ha llegado la carga rápida, pero de momento no llega el USB tipo-C.
Gracias por el jack de audio, Motorola
Bien sea por forzar una tendencia o a consecuencia de eliminar “esos milímetros de más”, el jack de audio ya no es algo que vayamos a encontrar seguro en un smartphone actual.
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